A veces recorre todo el cuerpo como una electricidad y te hace pegar un sacudón. En otros momentos es más sutil, más suave y sólo se hace visible en los brazos. Le llaman reflejo pilomotor. Yo prefiero pensar que es el cuerpo que se conecta con las emociones y te hacen una advertencia: "¡Hey! Prestá atención que este momento vuela. ¿Te lo vas a perder?"
A mí me pone la piel de gallina:
- Las manifestaciones multitudinarias, de reclamo, cuando las considero justas.
- Descubrir un cantante nuevo (o nuevo para mí) con una voz hipnótica, profunda y dulce.
- El viento fresco cuando se cuela por debajo de la puerta sin pedir permiso.
- Cuando meto el pie en el agua caliente de la bañera llena de espuma. Mi ritual.
- Un beso en el cuello que no pedí, pero que llega en el momento justo.
- Un concierto de música clásica, cuando la orquesta suena toda junta y el director salta sobre la tarima.
- En el cine, esos minutos en los que comienza la película, la música y aparece el título.
- Un show en vivo cuando adivino los primeros compases de una canción que me fascina.
- El día que me voy de viaje.
- Los nervios y la ansiedad cuando se vuelven insoportables.
- Ese segundo en el que tomás una decisión trascendental que te va a cambiar la vida.
- Leer una carta (también un email) con palabras que reconfortan y que alientan.
- Un momento de máxima felicidad. De esos que te gustaría que duraran un rato más.
- Ver caminar a una amiga por la alfombra de la iglesia el día de su casamiento.